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A Lausana (o Lausanne en francés) casi todo el mundo la conoce por ser la llamada Capital Olímpica, ya que es aquí donde vive el Comité Olímpico Internacional desde hace más de un siglo. Pero casi nadie se la imagina como lo que es en realidad: una ciudad preciosa y con carácter que cae en cascada hacia el lago Lemán, entre escaleras medievales, plazas con encanto y miradores que aparecen sin avisar.
Si te estás planteando visitarla y quieres saber qué ver en Lausana, aquí te lo cuento desde una posición distinta. Porque no hemos recorrido la ciudad en un par de horas entre tren y tren, sino pasando una temporada a orillas del Lemán y pateándola con calma varias veces. Así que tanto si vienes de excursión un día desde Ginebra o te alojas por la zona del lago, como si viajas con peques o en solitario…, aquí encontrarás todo lo que necesitas para disfrutar de tu visita a esta encantadora ciudad. ¡Empezamos!
ÍNDICE DEL ARTÍCULO
La catedral, el principal monumento que ver en Lausana
Si Lausana tiene un símbolo, ese es su catedral. La catedral de Notre-Dame se levanta sobre la colina de la Cité, en lo alto del casco antiguo, y se ve desde medio lago: es la iglesia gótica más grande de Suiza y una de las más importantes del país. Se construyó principalmente entre los siglos XII y XIII, y aunque nació católica, desde la Reforma protestante es un templo más sobrio por dentro de lo que su fachada promete.
Aunque solo sea por fuera, la catedral es uno de los imprescindibles que ver en Lausana y merece que te pares a mirarla con calma: el gran rosetón, la portada esculpida y esa presencia de piedra que impone después de más de 800 años en pie. La plaza de delante, además, regala una de las mejores panorámicas de los tejados de la ciudad y el lago al fondo.
Si tienes tiempo y ganas, hay dos planes que suman. El primero, subir a la torre por su escalera de piedra para una de las mejores vistas de Lausana, el Lemán y los Alpes (tiene un pequeño coste; conviene mirar horario y precio actualizados en la web oficial porque cambian). Y el segundo, el que más me gusta y no cuesta ni un franco: Lausana conserva le guet, uno de los últimos vigías nocturnos de Europa. Cada noche, entre las 22:00 y las 02:00, una persona sube a lo alto de la torre y canta las horas a los cuatro puntos cardinales, una tradición viva desde la Edad Media. Poder oírlo es una de las cosas más especiales que hacer en Lausana y es uno de los principales motivos por los que te recomiendo pasar al menos una noche en la ciudad. Es una de esas experiencias únicas que te llevarás del viaje.
El casco antiguo de Lausana, para perderse a pie
Bajando de la catedral empieza lo mejor para pasear: el casco antiguo de Lausana, un laberinto peatonal de calles empedradas, fachadas de colores, plazas con fuentes y terrazas… Es una zona compacta que se recorre a pie en un rato, pero en la que apetece perderse sin prisa. Aquí es donde la ciudad enseña su lado más medieval y con más vida.
Las Escaliers du Marché
La forma más bonita de bajar desde la catedral hacia el centro es por las Escaliers du Marché, unas escaleras de madera cubiertas, de origen medieval, que conectan la colina de la catedral con la parte baja del casco antiguo. Son preciosas en sí mismas: un pasadizo de madera bajando entre casas que hace que te pares a hacer una foto sin pensarlo. Un pequeño placer del recorrido en sí más que un lugar que ver en Lausana al uso.
La Place de la Palud y el Ayuntamiento
Las callejuelas te llevan hasta la Place de la Palud, la plaza más antigua y con más ambiente de Lausana. En el centro preside la fuente de la Justicia, y a un lado está el Ayuntamiento (Hôtel de Ville), un edificio del siglo XVII con su campanario. Fíjate en la fachada porque tiene un reloj animado con figuras que se ponen en movimiento a cada hora en punto, así que si pasas cerca del cambio de hora, párate un momento a verlo.
A un paso quedan otros dos edificios que verás mencionados y a los que puedes asomarte de camino: el Château Saint-Maire, la fortaleza de piedra del siglo XV que hoy es sede del gobierno cantonal de Vaud, y el Palacio de Rumine, un imponente edificio de estilo neorrenacentista en la vecina plaza de la Riponne, que alberga varios museos cantonales (bellas artes, arqueología, zoología, geología…). No hace falta que entres, con verlos por fuera y saber qué son, el paseo por el casco antiguo gana contexto.

Sauvabelin: torre, bosque y lago (y un planazo gratis)
Justo encima del centro histórico, en la colina que corona la ciudad, está uno de nuestros rincones favoritos de todo lo que se puede ver en Lausana en familia: el bosque de Sauvabelin. Es un pulmón verde enorme a un paso del casco antiguo, con un pequeño lago, senderos tranquilos entre árboles, parque infantil y una torre panorámica que es el gran reclamo de la zona. Y lo mejor: el plan es totalmente gratis.
La Torre de Sauvabelin
La estrella de la zona es la Torre de Sauvabelin, una torre de madera de unos 35 metros que se sube por una escalera de caracol y desde la que tienes una panorámica de 360º sobre Lausana, el lago Lemán y los Alpes al fondo. Subir no cuesta nada y las vistas son de las mejores de la ciudad, así que es de esos planes imperdibles, sobre todo en un país tan caro como Suiza.
Alrededor de la torre, el bosque da para mucho más. Hay un pequeño lago con patos, un parque infantil para que suelten energía, y varios senderos para pasear entre árboles. Es un sitio ideal para bajar el ritmo, respirar aire limpio y dejar que los niños correteen.
Un apunte práctico de cómo llegar, porque está en alto: nosotros subimos desde la estación de tren combinando metro y autobús (la m2 y luego el bus 16 que sube hasta la zona del bosque), que es la forma cómoda de evitarte la cuesta. Y desde aquí, en lugar de volver por donde vinimos, bajamos caminando hacia el centro por el Parc de l’Hermitage, un paseo entre naturaleza muy agradable que te lleva de vuelta a la ciudad (te lo cuento en el siguiente punto).

Parc de l’Hermitage, el mirador verde de Lausana
Muy cerca de Sauvabelin y de camino hacia el centro está el Parc de l’Hermitage, y es la manera más bonita de bajar de la ciudad alta al casco antiguo sin coger transporte. Nosotros hicimos justo eso: descender a pie por sus senderos hasta la zona de la catedral, un paseo tranquilo y agradable que convirtió el simple «ir de un punto a otro» en una mini aventura.
El parque guarda una sorpresa: desde sus praderas en pendiente se consigue una de las mejores vistas de la catedral, recortada sobre la ciudad y con el lago Lemán al fondo. Y como es un espacio abierto y gratuito, entra en la lista de cosas que ver en Lausana sin gastar un franco.
Dentro del parque, en una casa señorial del siglo XIX, está la Fondation de l’Hermitage, un espacio dedicado a exposiciones temporales de arte. Cuando nosotros estuvimos la encontramos cerrada por reformas, así que no pudimos visitarla. Así que si planeas entrar, conviene que mires en su web oficial si ya ha reabierto y qué exposición hay antes de subir, porque además no tiene colección permanente y cierra entre muestras. En cualquier caso, el parque en sí es una visita aunque la Fundación esté cerrada: las vistas y el paseo son gratis y no dependen de que el museo abra. Y si viajas con peques puedes aprovechar también el pequeño parque infantil que hay para recargar energía antes de llegar al centro histórico.
Plateforme 10, el barrio de los museos de Lausana
Si te gustan los museos, hay una parada que hace poco que se ha convertido en uno de los sitios más interesantes que ver en Lausana: Plateforme 10. Es un «distrito de las artes» levantado sobre una antigua zona ferroviaria e industrial, justo al lado de la estación de tren, que reúne en un mismo espacio tres grandes museos y una explanada peatonal para pasear.
Los tres museos que concentra son el MCBA (el Museo Cantonal de Bellas Artes, con arte del siglo XIX hasta hoy), el Photo Elysée (dedicado a la fotografía, uno de los referentes de Europa) y el Mudac (diseño y artes aplicadas contemporáneas). Lo práctico es que, al estar todo junto, puedes ver el que más te interese o encadenar varios en una misma visita. Suele haber una entrada combinada para los tres a precio reducido, que sale a cuenta si eres de museos. Como los horarios y los días de cierre no siempre coinciden entre ellos, conviene revisarlos en la web oficial de Plateforme 10 antes de ir.
Su gran ventaja es la ubicación: está literalmente pegado a la estación, así que es perfecto para encajarlo nada más llegar a la ciudad o para rematar la visita antes de coger el tren. Aunque no entres a ningún museo, la explanada y la arquitectura del conjunto merecen un paseo: es la cara más moderna y de diseño de una ciudad que, por lo demás, presume sobre todo de piedra medieval.
Ouchy y el lago Lemán, la Lausana que mira al agua
Después de tanto subir y bajar por la ciudad alta, Ouchy es la recompensa: el antiguo puerto de Lausana, hoy convertido en un paseo amplio y relajado a orillas del lago Lemán. Aquí la ciudad cambia de ritmo por completo. Se acabaron las cuestas: es todo llano, con césped, embarcaderos, hileras de árboles y los Alpes de la orilla francesa recortados al otro lado del agua. A nosotros nos resultó una zona súper agradable, de esas en las que apetece quedarse.
Para llegar hasta aquí desde el centro, lo más cómodo es la m2: baja directa hasta Ouchy y te ahorras la cuesta de vuelta. Y una vez en la zona encontrarás planes para todos los gustos y ritmos. Puedes alquilar un barco a pedales, bañarte en el lago, pasear hasta el Château d’Ouchy (un antiguo castillo hoy reconvertido en hotel que preside el puerto) o, como hicimos nosotros, montarte un picnic a la sombra de los árboles junto al puerto, que es gratis y de lo más placentero. Justo al lado hay además un parque infantil y un carrusel (no sabría decirte si funciona todo el año o solo en verano, así que no cuentes con él al 100%). De todo lo que hay que ver en Lausana, esta orilla es de lo más agradable y bonito .
Ouchy es también el punto de partida para salir al lago. Desde sus muelles zarpan los barcos de la CGN, que cruzan a la orilla francesa (a Évian, por ejemplo) y también hay recorridos panorámicos como este paseo en barco por el Lago Lemán. Lo mejor es que, además de los trenes y autobuses, el Swiss Travel Pass incluye muchos de estos trayectos en barco también, así que sin duda es una gran opción si quieres aprovechar tu paso por Suiza al máximo.
El Museo Olímpico, el imprescindible que visitar en Lausana
Si Lausana es la Capital Olímpica, su gran templo es el Museo Olímpico (Musée Olympique), situado a orillas del lago en la zona de Ouchy. Es el museo más famoso de la ciudad y uno de los más visitados de Suiza, y aunque no seas muy de deporte, resulta interesante. El museo recorre la historia de los Juegos desde la antigua Grecia hasta hoy con muchísimo material real (antorchas, medallas, objetos de deportistas…) y también algunas propuestas interactivas. Es, sin duda, una de las visitas más destacadas dentro de todo lo que ver en Lausana.
Lo que lo hace especialmente interesante si viajas en familia es que va más allá de las vitrinas. Además de las pequeñas propuestas interactivas repartidas por la exposición, hay una zona de juego infantil pensada para peques a partir de 4 años donde pasar un buen rato. Y fuera, el museo se rodea de un parque de esculturas con jardines, zona de picnic y detalles divertidos como unos carriles de atletismo donde los niños (y quien se anime) pueden echarse una mini carrera. Ese espacio exterior, además, es gratuito, así que aunque no entres al museo merece el paseo.
Un par de datos prácticos para organizarte: los menores de 16 años entran gratis acompañados de alguien mayor de esa edad, lo que lo convierte en un plan familiar rentable en un país tan caro. La entrada de adulto ronda los 20 CHF y los horarios cambian según la temporada (en verano suele abrir todos los días; el resto del año cierra los lunes). Te recomiendo comprar tu entrada al Museo Olímpico con antelación para ahorrarte esperas innecesarias.
Vidy, la Lausana local a orillas del lago
Al oeste de Ouchy, siguiendo la orilla, está la zona de Vidy, una cara de la ciudad que casi nadie conoce. Aquí no hay monumentos ni museos, sino la Lausana más local. Una sucesión de parques, praderas y orilla de lago donde la gente sale a correr, montar en bici, hacer picnic, disfrutar de la playa o dejar que los niños jueguen. Si buscas qué ver en Lausana más allá de lo turístico, este es el plan más auténtico y relajado, y fue donde nosotros terminamos nuestro primer día en la ciudad.
El rincón que más nos gustó fue el Parc Émile-Henri-Jaques-Dalcroze, donde está Le Petit Train de Vidy, un trenecito que hizo las delicias de Jan y con el que nos dimos una vuelta. Justo al lado hay un buen parque infantil para soltar la energía que quede y mucho espacio verde para tumbarse sin prisa. Además, a menos de 15 minutos andando está la Plage de Vidy-Bourget, una zona de baño en el lago con arena donde tumbarse y todos los servicios necesarios.
Vidy es la clase de sitio al que los turistas no suelen llegar y en el que, sin embargo, ves la vida cotidiana de la ciudad: familias, gente paseando al perro, tardes tranquilas junto al agua… Para nosotros, que viajamos lento y saboreando cada plan, cerrar la jornada en Vidy tuvo todo el sentido. No es un «imprescindible» que visitar en Lausana en el sentido clásico, pero es justo el tipo de parada que hace que un viaje se sienta como vivir un sitio en lugar de solo visitarlo.
La Collection de l’Art Brut, el museo más singular de Lausana
Si después de la orilla del lago te apetece un plan distinto, sube de nuevo hacia el barrio de Beaulieu, al norte del centro, donde encontrarás la Collection de l’Art Brut. Entre todo lo que hay que ver en Lausana, este es probablemente su museo más original y difícil de encontrar en otro sitio. Está dedicado al llamado art brut o «arte marginal»: el que crean personas totalmente ajenas al mundo del arte oficial (autodidactas, internos de instituciones psiquiátricas, visionarios solitarios), sin ninguna intención de exponer ni de vender.
La colección nació de la obsesión del artista francés Jean Dubuffet, que dedicó años a reunir estas obras y acabó donándolas a la ciudad, que abrió el museo en 1976. Está instalada en el Château de Beaulieu, una mansión del siglo XVIII algo apartada del centro, y reúne miles de piezas hechas muchas veces con materiales insólitos y a escondidas. Cada obra se acompaña de la historia de quien la creó, que suele ser tan singular como la pieza. No es un museo al uso, pero si viajas buscando algo diferente a lo de siempre, es una propuesta que plantea preguntas interesantes sobre qué es el arte y quién decide lo que vale.
Datos prácticos para organizarte: está en el barrio de Beaulieu, algo apartado del casco antiguo, así que lo cómodo es llegar en transporte público (desde la estación, el bus 3 o 21, parada Beaulieu-Jomini). La entrada ronda los 12 CHF, con tarifa reducida de 6 CHF y gratis hasta los 16 años, y además el primer sábado de cada mes es gratuita. Como estas condiciones pueden cambiar, conviene confirmar precio, horario y día gratis actualizados en su web oficial antes de ir. Ademá,s cierra los lunes buena parte del año, así que compruébalo al planificar.
💡 Si viajas con niños, valora si te compensa según sus edades e intereses: algunas obras y sus historias pueden resultar intensas. Personalmente decidí descartarlo al ir sola con el peque, pero me habría encantado visitarlo.
Otros lugares que ver en Lausana si te sobra tiempo
Con todo lo anterior tienes cubierto lo grande de la ciudad. Pero si dispones de más tiempo o te gusta salirte de lo típico, quedan un par de rincones que merecen al menos una mención dentro de lo que se puede ver en Lausana. A nosotros nos quedaron pendientes, pero son otros de los lugares que tenía marcados en el mapa:
La Esplanada de Montbenon. A medio camino entre el centro y Ouchy, esta explanada ajardinada regala una vista preciosa del lago Lemán en un ambiente tranquilo, con terrazas para tomar algo. En ella está el Casino de Montbenon, un elegante edificio de principios del siglo XX que hoy funciona como espacio cultural (alberga la Cinémathèque suisse). Un buen sitio para una pausa con vistas sin alejarte del centro.
El Jardín Botánico. En la zona alta de Ouchy, por encima del lago, este jardín es un remanso verde y gratuito con colecciones de plantas de medio mundo. Un plan para descansar de calles y museos, especialmente agradable en primavera y verano. Ideal si viajas con niños o simplemente quieres un rato de calma.
El barrio del Flon. Antigua zona industrial de almacenes reconvertida en el barrio más moderno y de moda de Lausana: arquitectura contemporánea, tiendas, terrazas y ambiente de día y de noche. Es el contrapunto perfecto a la piedra medieval del casco antiguo y se recorre en un paseo corto, ya que está en pleno centro.
Que hacer en Lausana con niños para disfrutarla en familia
Aunque esta guía sirve para cualquier viajero, nosotros recorrimos Lausana con un peque de cuatro años, así que sé que muchos llegáis buscando cómo cuadrarla en familia. La buena noticia: pese a ser una ciudad tan en cuesta, Lausana con niños funciona de maravilla, porque combina cultura con mucho aire libre, lago y espacios verdes donde soltar energía. Y el metro, del que te hablo más abajo, es tu gran aliado para olvidarte de las cuestas si llevas peques con cochecito.
Estos son los planes que mejor nos funcionaron y que reunimos aquí para que los tengas a mano:
- Sauvabelin: bosque, lago con patos, parque infantil y la torre panorámica, todo gratis. El respiro verde perfecto.
- El Museo Olímpico: interactivo, con una zona de juego pensada para peques a partir de 4 años, carriles de atletismo en el jardín y parque de esculturas. Gratis para menores con un adulto.
- Ouchy: barcos a pedales, baño en el lago, parque infantil, carrusel y césped de sobra para correr. Ideal para cerrar la mañana con un picnic.
- Vidy y Le Petit Train: el trenecito y los parques a orillas del lago además de la playa, la Lausana más local y tranquila.
A todo esto puedes sumar un plan que a nosotros nos quedó pendiente pero que teníamos anotado: el Espace des Inventions, un espacio de despertar científico con exposiciones interactivas, en la Vallée de la Jeunesse (cerca de Vidy). Está pensado especialmente para peques a partir de unos 7 años, así que para peques más pequeños tal vez se queda algo grande. Las exposiciones van rotando y los horarios cambian, así que confirma en su web oficial qué hay y cuándo abre antes de ir.
Un par de consejos prácticos para moverte con niños por Lausana:
- Las cuestas y el cochecito: la ciudad es muy vertical, así que planifica las bajadas a pie y usa el metro (la m2) y el bus para las subidas.
- Picnic al aire libre: comer fuera en Suiza es caro, y con niños un picnic junto al lago (en Ouchy o Vidy) sale mejor de precio y les encanta. Aprovecha los muchos espacios verdes.
- El baño en el lago en verano: si viajas en temporada cálida, meter los pies (o el cuerpo entero) en el Lemán es un planazo.
- Lleva siempre ropa de recambio. No es extraño encontrar en muchos parques y zonas verdes juegos de agua y arena.

Excursiones desde Lausana: qué ver en los alrededores
Una de las grandes ventajas de Lausana es su posición: está en el centro de la orilla suiza del lago Lemán, así que es una base perfecta para descubrir algunos de los rincones más bonitos de esta zona de Suiza en excursiones de un día. Y lo mejor es lo fácil que resulta moverse: con el tren bordeando el lago (incluido en el Swiss Travel Pass) llegas a casi todos sin complicarte. Así que si tienes días, estas son las escapadas que más merecen la pena cerca de Lausana:
- El Castillo de Chillón. El monumento más visitado de Suiza, un castillo medieval construido sobre un islote rocoso a orillas del lago, junto a Montreux. Es una excursión imprescindible y de las más bonitas.
- Montreux. La perla de la Riviera suiza, con su paseo de flores a orillas del lago, ambiente elegante y los Alpes enfrente. Puerta de entrada a Chillón. Si quieres aprovechar tu día al máximo sin preocuparte por nada más que disfrutar, puedes contratar esta completa Excursión a Montreux que incluye transporte, la visita al Castillo de Chillón y mucho más.
- Los viñedos de Lavaux. Terrazas de viñas Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO que caen en cascada hacia el lago entre pueblos como Cully, Epesses o Chexbres. Se pueden recorrer en tren, en bus, a pie o con tours especiales, y las vistas son de postal.
- Vevey. Coqueta y con muchísimo encanto, hogar del tenedor gigante clavado en el lago y de Chaplin’s World, la casa-museo de Charlie Chaplin.
- Gruyères. Algo más lejos y tierra adentro, pero icónica: un pueblo medieval amurallado con castillo, cuna del famoso queso y con la fábrica de chocolate Cailler muy cerca. Puedes contratar esta completa excursión a Gruyères y Cailler si no dispones de coche y quieres llegar cómodamente.
Y si buscas ciudad, la vecina Ginebra está a media hora en tren, con su emblemático Jet d’Eau y su ambiente internacional.
Cómo llegar a Lausana
Lausana está muy bien conectada por tren, que es la forma más cómoda y bonita de llegar. Desde Ginebra son unos 35-40 minutos bordeando el lago, con salidas muy frecuentes durante todo el día. Si aterrizas en el aeropuerto de Ginebra, hay trenes directos que te dejan en Lausana en algo menos de una hora, sin necesidad de entrar en el centro de Ginebra. Desde el resto de la orilla del Lemán (Nyon, Vevey, Montreux…) también tienes trenes constantes, y desde otras ciudades suizas como Berna o Zúrich llegas igualmente en tren sin complicaciones.
Si planeas hacer ruta por Suiza durante unos días, el Swiss Travel Pass es una gran inversión: te deja usar trenes, buses, barcos e incluso el metro sin sacar billete cada vez, y encima da entrada gratis o con descuento a muchos museos. Aunque nosotros vinimos a Suiza con nuestro coche, nos movimos durante varios días en tren aprovechando el Swiss Travel Pass por su gran comodidad. Y concretamente en Lausana aprovechamos el pase para poder visitar el Museo Olímpico sin tener que pagar entrada.
Si prefieres venir a Lausana en coche, ten en cuenta que aparcar en el centro es caro y complicado. Lo mejor es dejarlo en un aparcamiento P+R a las afueras y entrar con el transporte público. Esta opción la usamos en Ginebra pero no en Lausana, así que no puedo recomendarte ningún parking en concreto. Aún así, ten en cuenta que deberás pagar por los billetes de transporte si quieres moverte en bus o metro dentro de la ciudad, así que haz cálculos y asegúrate de si te compensa.
Cómo moverse por Lausana
Aquí va uno de los grandes secretos prácticos de la ciudad: Lausana tiene el único metro de Suiza. Su línea estrella, la m2, sube desde la orilla del lago (Ouchy) hasta los barrios altos salvando más de 300 metros de desnivel, con unas pendientes de récord mundial para un metro. Es tu mejor aliado para no reventarte con las cuestas, sube en metro y baja andando. Junto con la m1 y una buena red de buses, te lleva a casi cualquier rincón de la ciudad.
Un truco muy útil: si te alojas en un hotel de la ciudad, te darán gratis la Lausanne Transport Card, que te permite usar el transporte público durante toda tu estancia. Y si cuentas con el Swiss Travel Pass tampoco tendrás que preocuparte ya por el tema del transporte.
Recuerda que en Suiza la moneda es el franco suizo (CHF). Podrás pagar en todas partes con tarjeta así que te recomiendo hacerlo con una que no te cobre comisiones al cambio. Mi favorita es la N26, que es la que ofrece la mejor conversión y además te regala 10€ al usarla por primera vez si la pides desde este enlace. Para sacar francos en el cajero con el mejor cambio y sin comisiones, te recomiendo la tarjeta Revolut.
Dónde comer en Lausana
Vaya por delante que comer fuera en Lausana no es barato, como en toda Suiza. Nosotros, viajando en familia y en época estival, tiramos sobre todo de picnics a orillas del lago, que además de económico es un planazo con vistas. Si quieres darte un capricho gastronómico sin que la cuenta se dispare, esa es la mejor vía.
Ahora bien, si vienes de viaje seguramente quieras probar la cocina local, y merece la pena. Estos son los platos típicos del cantón de Vaud que conviene buscar:
- Papet vaudois: el plato estrella, un guiso de puerros y patatas acompañado de salchicha de col. Contundente y muy de aquí.
- Malakoffs: buñuelos de queso fritos, una especialidad de la región difícil de encontrar fuera.
- Pâté vaudois: un pastelito de masa quebrada relleno de carne, perfecto para picar.
- Fondue: el clásico suizo por excelencia, que en Lausana puedes tomar en alguna de sus pintes y brasseries históricas del casco antiguo.
Y para acompañar, un vino blanco Chasselas de los viñedos de Lavaux, que están a un paso: es el maridaje local por excelencia.
Aquí te dejo algunos sitios bien valorados, para distintos bolsillos. No comimos en ellos (nosotros fuimos siempre de picnic), pero son opciones con buena reputación, de menos a más precio:
- Pinte Besson (casco antiguo): el restaurante más antiguo de la ciudad, funcionando desde 1780, con un comedor abovedado precioso y platos suizos tradicionales. Ambiente histórico y precios razonables para lo que es Suiza.
- Café Romand (cerca de Saint-François): una brasserie clásica muy del gusto local, con especialidades suizas y buen ambiente. Opción segura y de precio contenido. Suele cerrar domingos y festivos.
- Café de l’Évêché (la Cité, casco antiguo): un bistró de barrio muy apreciado para tomar fondue en temporada, con ese punto auténtico que buscan los de aquí.
- Brasserie de Montbenon (esplanada de Montbenon): en un elegante edificio junto al casino, con grandes ventanales y vistas al lago. Cocina variada en un ambiente más refinado, para darte un capricho con paisaje.
- Le Chalet Suisse (en los altos de la ciudad): un chalet de madera 100% alpino donde la fondue es la protagonista; muy orientado a la experiencia suiza clásica, funciona todo el año.
Como estos sitios pueden cambiar de horario, carta o incluso cerrar, échale un vistazo a sus reseñas y horarios actualizados antes de ir.
Dónde alojarse en Lausana
Lausana es una buena base para explorar toda la región de lago Lemán ya que está céntrica y muy bien conectada. Pero como ya sabrás, el alojamiento (como casi todo) es muy caro en Suiza. Por eso, especialmente en un destino así te recomendaría alojarte como lo hacemos siempre nosotros: con el intercambio de casas. Es justo lo que nos permite viajar por sitios como este sin renunciar a la comodidad y calidad, quedándonos en casas de verdad: con cocina, espacio para el peque, en barrios locales… Para estancias largas como las nuestras, es lo que más sentido tiene, y le da a cada viaje un punto mucho más auténtico. Si todavía no sabes cómo funciona, te lo explico al detalle en esta página sobre cómo viajar con el intercambio de casas.
Pero si esa opción no te convence de momento, aquí te dejo algunas recomendaciones de lugares donde dormir en Lausana que me parecen perfectas con distintos rangos de precio:
- Económico — Ibis Lausanne Centre: sencillo, fiable y muy bien ubicado en el centro, cerca de la estación. De lo más asequible que vas a encontrar en una ciudad tan cara. Y si viajas en familia y buscas ahorrar, el Lausanne Youth Hostel «Jeunotel», junto al lago en Vidy, tiene habitaciones familiares a buen precio.
- Precio medio — Hôtel Victoria: un hotel céntrico, cómodo y muy bien situado junto a la estación y a un paso del casco antiguo. Buena relación calidad-precio para la zona. Y si prefieres vistas al lago, el Mövenpick Hotel Lausanne está a orillas del Lemán, con habitaciones con vistas al agua.
- Un capricho — Château d’Ouchy: un castillo medieval restaurado a orillas del lago, en pleno Ouchy, con piscina exterior y vistas a los Alpes. Para una ocasión especial pero sin precios desorbitados. Y si quieres el no va más, el legendario Beau-Rivage Palace es uno de los hoteles más icónicos de Suiza, con spa y restaurantes de altura.
Como consejo te diría que priorices un hotel cerca del centro o de la línea de metro m2 para moverte sin depender del coche y olvidarte de las cuestas. Y también, que reserves con antelación, porque en Suiza los precios nunca bajan.
Mapa de qué ver en Lausana
Para que te sea fácil orientarte y organizar la ruta, aquí tienes un mapa con todos los puntos de esta guía de qué ver en Lausana.
Preguntas frecuentes sobre qué ver en Lausana
¿Cuántos días hacen falta para ver Lausana?
Con un día bien organizado ves lo esencial: catedral, casco antiguo, Ouchy y el Museo Olímpico. Si quieres sumar Sauvabelin, algún museo más y pasear con calma por el lago, dos días te dejan una visita mucho más redonda. Nosotros, viajando lento y con un peque, preferimos partirlo en varias jornadas cortas para disfrutarlo más.
¿Merece la pena Lausana o mejor me quedo en Ginebra?
Merece, y mucho. Lausana es más pequeña y manejable que Ginebra, con un casco antiguo medieval más pintoresco y una relación con el lago preciosa desde Ouchy. La combinación ideal es no elegir: ambas están a media hora de tren y forman parte del mismo lago Lemán, así que puedes ver las dos sin complicarte.
¿Qué se puede hacer gratis en Lausana?
Bastante más de lo que parece para lo cara que es Suiza: subir a la torre de Sauvabelin, pasear por su bosque y por el Parc de l’Hermitage, recorrer el casco antiguo y las Escaliers du Marché, el paseo de Ouchy, el parque de esculturas exterior del Museo Olímpico y, de noche, escuchar a le guet cantar las horas desde la catedral. Solo con eso ya tienes un buen día.
¿Cómo se sube a la torre de Sauvabelin y cuánto cuesta?
La torre está en alto, así que lo cómodo es subir en transporte público (la m2 y luego un bus hacia el bosque) en lugar de patearte la cuesta. Y la mejor noticia: subir a la torre es totalmente gratis. Desde arriba tienes una panorámica de 360º de la ciudad, el lago Lemán y los Alpes.
¿Es buen destino Lausana con niños?
Sí. Pese a ser una ciudad en cuesta, funciona muy bien en familia: el Museo Olímpico tiene zona de juego deportiva, Sauvabelin ofrece bosque y parque infantil, Ouchy tiene lago, barcos a pedales y espacio para correr, y el metro te evita las subidas con cochecito. Alterna un plan cultural con otro al aire libre y el día cunde sin agobios.
¿Merece la pena el acuario Aquatis?
Aquatis es de lo más buscado de la ciudad, así que te doy nuestra opinión con sinceridad: es un acuario-vivario, es decir, animales en cautividad, y por coherencia, no solo no lo recomendamos sino que te invitamos a no participar de este tipo de actividades. Si buscas naturaleza y agua en Lausana, nuestra apuesta es el lago de verdad: la orilla de Ouchy y Vidy, el bosque de Sauvabelin o una travesía en barco por el Lemán.
Al final, si algo nos ha enseñado pasar una temporada junto al Lemán es que Lausana se disfruta mejor sin prisa: subiendo y bajando sus colinas, alternando catedral y bosque, museo y picnic a orillas del lago… No es una ciudad de «verla en dos horas y tachar los lugares más destacados que ver en Lausana de la lista», sino de saborearla a su ritmo. ¿Y tú? ¿Estás planeando tu visita o ya has estado? Cuéntame en los comentarios qué es lo que más te apetece ver, o compártenos tu rincón favorito si ya la conoces.











