Aventuras

Viajar Sola Sin Billete de Vuelta – del Sueño a la Realidad

Tras viajar sola durante 9 meses por el Sudeste Asiático sin billete de vuelta puedo decir que he cumplido uno de mis mayores sueños. Pero llegar a realizarlo no ha sido nada fácil. Muchos factores internos y externos hacen que cuando te planteas de verdad hacer algo así parezca inalcanzable y a veces, casi imposible. Son muchas las barreras que hay que saltar, muchos los sacrificios que hay que hacer y muchas las batallas internas que hay que lidiar. En este artículo quiero compartir con vosotr@s una parte de mi historia, la que me llevó a hacer realidad el sueño de viajar sola y sin billete de vuelta.

¿Quién soy? – Algo más sobre mí

Pero empecemos por el principio. Me llamo Mariangels y tengo 34 años. He vivido la mayor parte de mi vida en Mallorca, lugar donde nací. Ahí crecí siguiendo, lo que se considera, el clásico camino de vida establecido. Con 16 años me emparejé con Juanfra, a los 17 empecé en la universidad mi primera carrera, Educación Social, tras la que encontré un buen trabajo en el Ayuntamiento de Palma que compaginé con estudiar una segunda carrera. A los 23 años acabé Magisterio y rápidamente encontré trabajo en un colegio, me hipotequé comprando un piso con mi pareja y empezamos a vivir juntos. 2 años más tarde, y tras 9 años de relación, nos casamos cuando yo tenía 25 años. En ese momento estaba “encarrilada” en lo que la sociedad todavía nos vende como una vida ideal: tenía un trabajo estable, un piso, un marido… ¡era el momento de hij@s!… ¿o no?

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En ese momento supongo que algo hizo un “click” en mí, algo me dijo que parara, que no siguiera por esa “autopista” en la que me encontraba de forma automática, sin pensar y sin plantearme la posibilidad de coger una salida y continuar por otro camino. Seguir ese camino preestablecido me había dado siempre seguridad (o eso creía), pero algo en mi interior no me hacía sentir esa paz y plenitud que buscaba. Estaba acostumbrada a estar siempre acompañada, todo lo que hacía era con Juanfra, y si había algo que no le apetecía hacer ya me las ingeniaba yo para buscarme compañía. No fui jamás a estudiar fuera ni hice ningún tipo de Erasmus o intercambio por miedo a separarme de él, a no saber estar lejos de esa “dependencia” que sentía. Renuncié a experiencias que seguro me habrían enriquecido por no alejarme de lo que para mí era zona de confort: en la isla, junto a mi familia y la gente y entorno que conocía desde que nací.

El inicio de un sueño

Dos años después de casarnos, decidimos planear nuestro primer viaje al Sudeste Asiático. Siempre me había apasionado viajar, era casi una obsesión. Siempre que teníamos vacaciones o algunos días libres planeaba cualquier escapada o pequeño viaje y la mayoría de veces me costaba disfrutarlo hasta el final. Los últimos días ya me sentía triste y frustrada por tener que “volver a la realidad” y mi única salida era pensar ya en el siguiente viaje, sin haber terminado el que estaba viviendo.

Ese año 2013 era el primero que íbamos a disponer de más tiempo de vacaciones: yo trabajaba como maestra en un colegio, por lo que tenía 2 meses de verano libres y Juanfra había dejado su trabajo y estaba estudiando. Era el momento perfecto para hacer nuestro primer viaje “mochilero”, sin planificar cada detalle, dándonos la oportunidad de dejarnos llevar y cambiar la ruta o los planes iniciales si nos apetecía.

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Ese viaje a Tailandia me cambió. Fueron 21 días en los que me sentí libre, llena, feliz… además, esa parte del mundo me enamoró! La humanidad de la gente, su forma de vivir, la alegría que desprendían aun teniendo solo lo imprescindible, la sensación de seguridad en casi cualquier rincón del país… Algo cambió tanto en mí que empecé a fantasear con la idea de recorrer, algún día, esos países sin prisa, sin límites de tiempo, disfrutando cada instante, sin relojes y escuchando únicamente lo que quería en cada momento. Por supuesto, ese sueño era siempre pensado en compañía de Juanfra, un plan ideal que mi cabeza empezó a crear en el que nos imaginaba a l@s dos disfrutando de un viaje sin billete de vuelta por esa parte del mundo.

Fase Sueño

Siempre he sido muy soñadora pero al final, poco práctica. Mi mente se recreaba en esa idea pero poco hacía para intentar llevarla a cabo. Mi interior decía: “algún día lo haremos”, pero, ¿estaba encaminando mis acciones a conseguir cumplir ese objetivo? Juanfra ha sido siempre de trazar planes y trabajar de forma constante para llegar donde quería, por lo que un día se plantó frente a mí y me dijo: “¿De verdad quieres cumplir ese sueño que ahora está solo en tu cabeza? Entonces, ¡necesitamos planificarlo seriamente y empezar a prepararnos!”. A partir de ese momento empezaron los grandes cambios en nuestra vida. Dejamos el piso que habíamos comprado en Palma y nos fuimos a vivir un tiempo a una casa familiar. Nuestra idea era empezar una nueva vida en Barcelona, donde yo podía conseguir trabajo con cierta facilidad y él tenía mejores oportunidades laborales, pero necesitábamos arreglar algunos asuntos en Mallorca antes de irnos. Pusimos nuestro piso en alquiler para, por lo menos, poder seguir pagando la hipoteca y que eso no fuera un impedimento, dejé mi trabajo estable en Mallorca y Juanfra realizó todos los trámites para entrar a estudiar un máster en Barcelona que le iba a abrir muchas puertas. Unos meses después… ¡nos mudamos a la Ciudad Condal!

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¡Ahorrar, ahorrar y ahorrar!

Durante estos meses much@s me habéis preguntado de qué vivía, cómo lo hacía para viajar sin billete de vuelta y disponer del dinero necesario, y la respuesta no es otra que AHORROS. En mi caso, no existió una receta mágica, simplemente tener claro un objetivo y ahorrar durante años el dinero suficiente para hacerlo realidad. Un@ no se levanta una mañana y decide dejarlo todo para irse a viajar por el mundo sin billete de vuelta. Y mucho menos alguien como nosotr@s, con una vida ya construida y unos gastos fijos de hipoteca, dos coches y los gastos anuales que todo eso conlleva… El objetivo estaba claro: ¡ahorrar! Y no solo ahorrar para cubrir los gastos de un viaje sin billete de vuelta, sino también para poder pagar todo lo que aquí dejábamos y tener un “buen rincón” para volver y empezar de cero tras la aventura.

Ahorrar implica sacrificar mucho. Nuestro hogar en Barcelona eran únicamente 20m cuadrados, sí, nada más que eso. Un diminuto estudio, sin luz natural y sin espacios separados, donde convivimos dos personas durante más de 5 años. Esa fue una de las mayores claves para ahorrar: pagar lo mínimo por un vivienda.

Además, durante esos años renunciamos a cenas lujosas, a salidas al cine, a compras por capricho y a muchísimos planes que nos apetecían pero suponían gastos innecesarios. Un sacrificio a largo plazo que muchas veces resultaba desesperante. Lo peor para mí, era el hecho de saber que no íbamos a poder planear grandes viajes durante todos esos años…y de esa necesidad, salió mi ingenio para buscar alternativas que nos permitieran hacer pequeños viajes y escapadas para sobrellevar mejor toda esa época. En nuestro ebook gratuito Nuestras 8 claves para viajar más por menos podéis ver nuestros trucos para poder viajar gastando lo mínimo; pero os adelantamos que el mayor descubrimiento fue el Intercambio de Casas. Una forma de no pagar alojamiento que te permite ahorrar la mayor parte de los costes que tiene cualquier tipo de viaje y que nos dio la oportunidad de escapar muchísimas veces cuando más lo necesitábamos.

Del sueño a la realidad

Tras 4 años de sentirnos de nuevo en una zona de confort en Barcelona a pesar de todas las renuncias que habíamos tenido que hacer, llegó el momento de poner fecha a ese sueño por el que tanto estábamos luchando. En 2018, decidimos que sería en setiembre-octubre de 2019 cuando ese viaje sin billete de vuelta empezaría. Ya casi teníamos los ahorros suficientes para poder lanzarnos a la aventura, pero de nuevo, era el momento de volver a tomar acciones para preparar ese momento: renunciar otra vez a un trabajo estable, informar a nuestras familias y amig@s de nuestra “locura”, pensar qué íbamos a hacer con todas nuestras cosas cuando dejáramos el piso de alquiler en el que vivíamos… Tomar cada una de esas acciones nos llevaba a los nervios, la dudas, miedos… Y llegó el peor momento, el que giró de repente todos mis planes ideales y ese sueño que llevaba años imaginando. Juanfra me planteó la posibilidad de que me fuera sola, era mi sueño y él estaba iniciando un negocio para poder ser más libre e independiente como siempre había querido. Para él, era el peor momento para emprender esa aventura ya que tenía otra prioridad, por lo que si quería hacer realidad mi propio sueño, debía ser sola.

El sueño truncado

El impacto de saber que él no estaba en el momento de empezar ese viaje hizo que mi sueño se derrumbara. Fueron días de llorar, pelear, culparle por haber destrozado mi sueño, culparle por no poder hacerlo realidad porque… ¿cómo iba yo a irme sola? Yo, la persona que menos cosas había hecho sola! Nunca había ido al cine, conciertos, exposiciones…sola. Nunca hacía planes sola. Si me apetecía hacer algo siempre buscaba acompañantes, y si no los encontraba, interiormente culpabilizaba a l@s demás de no haber podido hacerlo: porque si no podían o no querían venir conmigo sentía que ya no podía hacerlo. Yo, que había pasado de “los brazos” de mi padre y mi madre a los de Juanfra con 16 años, sin separarme apenas de él en todos esos 17 años que llevábamos junt@s. Yo, a quien estar sola le incomodaba profundamente y buscaba constantemente entretenimiento externo.

Llegad@s a ese punto y tras varios meses llorando por un sueño roto, empecé a pensar en la remota posibilidad de irme sola. Empecé a ilusionarme de nuevo por ese sueño por el que llevaba años trabajando y me visualicé en ese viaje sola. Tras mucho trabajo interno y con el apoyo siempre de Juanfra, decidí que iba a hacerlo, a pesar de la infinidad de miedos y dudas que me invadían. Pero necesitaba prepararme, empezar por algo pequeño, así que decidí irme sola por primera vez a algunas de las actividades que se organizaban en la ciudad en motivo de la Fiesta de la Mercè de Barcelona. Ese setiembre de 2018 salí a media tarde dispuesta a disfrutar sola de algunos actos a los que me apetecía ir, y volví por la noche feliz y orgullosa de mi misma por ese gran logro, ¡había hecho algo sola!. Parece que a partir de ese momento olvidé seguir haciendo cosas sola y fueron pasando los meses como si nada fuera a ocurrir. A todo el mundo le decía que iba a irme sola de viaje sin billete de vuelta, de forma muy inconsciente, como si ese momento no fuera a llegar. Me mostraba fuerte, segura, decidida…aunque la realidad interior era otra. Creo que simplemente, no quería entender y ser consciente realmente de lo que significaban mis palabras.

Se acerca el momento

Los meses seguían pasando y llegó el momento de tomar acciones consistentes. Debía informar de que no iba a volver a mi trabajo a partir de setiembre y teníamos que hablar con nuestras familias y amig@s de la nueva situación, de que ese viaje sin billete de vuelta que íbamos a iniciar, finalmente lo haría únicamente yo, sola. No fue fácil decidirme a hablar seriamente para que no contaran conmigo el próximo año en el trabajo, y fue todavía más difícil informar a quienes nos rodean de que me iba sola. “¿Pero como te vas a ir tu sola?” “¿Y dejas aquí a tu marido?” “¿Y tu trabajo?” “¿Qué vas a hacer por ahí viajando tu sola?” “¿Y si te pasa algo? Puede ser peligroso” “¿No te da miedo que tu marido encuentre a otra?” “¿Y los hij@s? Ya tenéis una edad…” Seguro que ninguna de estas preguntas os sorprenden todavía hoy en día… y ese fue un punto al que tuve que enfrentarme infinidad de veces tras el impacto inicial que recibía la gente cuando les dábamos la noticia. Algo que todavía me creaba más inseguridad y miedo.

Mi preparación para viajar sola

Viendo que la fecha estaba cada vez más cerca, decidí que era el momento de intentar viajar sola aunque fuera solo por uno o dos días. De esta forma, planificamos un viaje a Budapest en abril de 2019, aprovechando las vacaciones de Semana Santa, con un objetivo muy claro. Me iba a ir yo sola y dos días después Juanfra se reuniría conmigo para disfrutar del resto de días junt@s. Y así fue, llegó abril y me fui sola a Budapest dispuesta a probarme a mí misma. Saber que Juanfra vendría a los dos días me daba la seguridad y confianza para vivir esa experiencia de forma más tranquila, total, ¡sólo iban a ser 48 horas sola!. El tiempo pasó volando y yo misma me sorprendí al ver lo bien que me había sentido esos días sola en la ciudad, ¡hasta se me hicieron cortos!. Aún así, los miedos no dejaban de invadirme. No era para nada lo mismo pasar dos días sola en una ciudad europea que irme al continente asiático sola y sin billete de vuelta…

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Comprar un billete de solo ida

Rápidamente llegó el verano. Terminé el curso escolar como maestra y empecé las vacaciones sabiendo que el próximo curso no iba a volver. Era el momento de comprar el vuelo de una vez y tener una fecha de salida clara. Y tras semanas de darle vueltas, mirar todas las combinaciones posibles y una infinidad de opciones, a mediados de Julio llegó el momento de “hacer click”. Compré un vuelo Milan – Kuala Lumpur para el 1 de octubre, lo que marcaba que el viaje debía empezar a finales de setiembre, ya que tenía intención de volar a Milan unos días antes y poder así conocer también esa ciudad. Con el vuelo ya comprado empezó el período con más nervios, inseguridades, miedos, dudas… días de no dormir, de nudos en el estómago, de llorar, de no saber si sería capaz de hacerlo, de dudar si estaba haciendo lo correcto… Por momentos, pensaba en gastar todo ese dinero ahorrado en varios viajes durante ese mismo año con Juanfra. Me daba igual perder ese billete de ida, ¡estaba muerta de miedo!

Días previos

Llegó setiembre y teníamos un viaje preparado l@s dos, el último junt@s antes de irme sin saber cuándo regresaría. Pasamos 10 maravillosos días en Tenerife que nos sirvieron para hablar mucho, para calmar dudas y para coger fuerzas para todo aquello que venía. En cuanto volviéramos de aquel viaje, empezaba la cuenta atrás de verdad. Un tiempo para prepararlo todo y mentalizarme de que finalmente me iba, me iba sola a cumplir un gran sueño, superando todas mis barreras mentales y todos mis miedos para lanzarme hacia la que iba a ser la gran experiencia de mi vida.

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Milán en familia

El 27 de setiembre despedí el que había sido nuestro hogar durante esos últimos 5 años en Barcelona. Esos pequeños 20m cuadrados que nos habían permitido ahorrar para cumplir ese sueño. Salí con Juanfra, quien se unía a pasar esos últimos días antes del 1 de octubre en Milán, junto también a mi padre, madre, hermano y cuñada, que llegarían al día siguiente desde Mallorca. Iba a ser un fin de semana largo, una especie de escapada familiar de despedida. Salí de casa con ilusión, con ganas, con nervios… pero también tranquila al pensar que aún podría disfrutar de la compañía de l@s mí@s unos días más.

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El momento más difícil

Durante esos 3 días en Milán intentamos no pensar ni hablar demasiado de lo que estaba a punto de ocurrir. Me iba a despedir de tod@s ell@s en esa ciudad italiana sin saber cuándo íbamos a volver a vernos. Sin saber qué pasaría durante las próximas semanas, meses… el pensamiento de “en cualquier momento puedo volver a casa” rondaba mi cabeza constantemente como estrategia para calmar mi ansiedad.

Y ese 30 de setiembre llegó. El momento más difícil vivido durante todo este proceso, el momento de despedirme de mi familia y de quedarme una última noche sola en Milán para al día siguiente tomar ese avión a primera hora y volar hacia ese sueño. La despedida fue dura, lloros, abrazos… hasta que se marcharon y yo me fui a pasar esas últimas horas sola en la cama llorando y sin poder dormir.

1 de octubre de 2019

1 de octubre de 2019, una fecha que jamás olvidaré. A las 6 de la mañana ya estaba en pie, dispuesta a desayunar, aunque eso me resultó imposible teniendo el estómago hecho un nudo. Coger el equipaje, ponerme esa “ropa viajera” cómoda para afrontar largos vuelos y horas de espera en aeropuertos,  montarme en el metro y después en un autobús dirección al aeropuerto. Había llegado el día, el momento de empezar esa aventura soñada estaba ahí.

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Recuerdo cómo poco a poco, mis nervios fueron transformándose en ganas, fuerza e ilusión. Cómo pude desayunar una vez había facturado ya mi mochila, y cómo me sentía la más valiente y orgullosa del mundo por estar ahí, a punto de subirme a ese avión. Ahí empezó esta gran aventura que finalmente, por circunstancias inesperadas a nivel mundial, ha durado 9 meses. 9 meses de aprendizajes, de experiencias, de conocer a personas únicas, de conocerme más a mí. En definitiva, 9 meses viviendo un sueño.

12 comentarios en “Viajar Sola Sin Billete de Vuelta – del Sueño a la Realidad”

  1. Hola, te sigo desde hace un tiempo y quería decirte que te admiro y ke me das una envidia sana aaaa.ke experiencia más chula has vivido! Y ke valiente eres. Te he leído y en cosas me identificó cntigo. Ha sido dura la vuelta a la realidad?? Ánimo!!!

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  2. Me ha encantado el post. Muchas gracias por contarlo todo tan real. Yo tengo ese sueño y se que algún día al igual que tú lo cumpliré.

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    • Gracias por leerme!!! Estoy segura que lo cumplirás! Si es algo que realmente quieres, encontrarás el camino para hacerlo realidad! Y cualquier cosa, estaré encantada de ayudarte en lo que pueda!

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  3. Qué pasada de emociones y qué bien lo cuentas todo, Mariangels.
    Me ha encantado. Aunque he seguido con interés cada paso que has dado en tu viaje, estoy deseando leer el próximo capítulo de este comienzo de tu aventura.

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    • Muchísimas gracias. Me apetecía ir compartiendo esta parte más personal de la experiencia. Seguiré escribiendo sobre ello! Será una forma de recordar, recolocarlo todo en mí y de hacer llegar todo lo vivido a quienes estáis ahí detrás!

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  4. Hola! He seguido tú viaje y me a encantado, he estado en Tailàndia però Filipinas no. Yo he hecho viajes sola también, el año pasado un crucero por el Caribe y fue genial, siempre tenemos miedos antes de hacerlo porque pensamos qué no seremos capaces, peró al volver te si entès orgullosa de ti misma, de haber lo echo.

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    • Hola Maria Cristina!
      Muchas gracias por tu comentario! Sí! Los miedos están ahí, pero una vez los afrontas ves que suelen ser mucho más pequeños de lo imaginado. Yo me siento feliz y orgullosa de haber hecho este gran viaje sola 🙂

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  5. Me ha encantado tu post! Me has transmitido un montón de sentimientos y pensamientos con los que me siento súper identificada, no solo por lo bien que lo has escrito, sino porque mi sueño es muy parecido al tuyo y mi situación también es similar. Nunca he viajado sola ni he hecho demasiadas actividades sin compañía. Al igual que tú, siempre termino liando a alguien para que me acompañe.
    Por otro lado, aunque me siento afortunada de tener todo lo que tengo, hay algo que no encaja, como si sintiese que estoy viviendo una vida ajena que no es la mía. Me gusta la carrera que estudio (Magisterio, ¡otra coincidencia contigo!) y pienso terminarla, pero no me veo trabajando en ello, con una vida «convencional» como la que has descrito tú. Busco otras cosas, a las que la sociedad y mis propios familiares y amigos les parece una locura, lo cual no apacigua mis dudas e inseguridades, sino que las aumenta. Pero testimonios como el tuyo me dan fuerzas y coraje. Te admiro por haber perseguido tus «locos» sueños, y espero hacerlo yo también cuando acabe la carrera, ojalá el miedo no aplace mi pasión por viajar.

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    • Muchísimas gracias María!
      No te conformes con esa vida convencional si sientes que no te hace feliz. Seguro serás capaz de ir tras ese sueño y cumplirlo. Y cuando lo hagas, te sentirás llena y feliz. Es una sensación única!!! Te animo mucho a que persigues aquello que quieres! Y para lo que quieras, aquí estoy!!!!

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